Un día llegas a tu casa después de una larga jornada laboral como muchas que has tenido últimamente, al estar en tu hogar sólo se te viene a la mente una palabra: DESCANSAR.
Después de dejar el saco, quitarte la corbata y dejar por fin de usar esos zapatos que no dejan descansar tus pies, decides también cambiar tu camisa y pantalón por alguna playera y pants o una cómoda pijama. Te preparas una cena ligera y dices: Por fin, ahora a dormir.
Te acuestas en tu cama, claro después de realizar todo el aseo previo, cierras los ojos y te dejas llevar al mundo de Morfeo. Son la 3 a.m. y repentinamente algo te despierta: empiezas a sentir un mano entumecida y comienza una picazón muy recurrente en esta y los dedos. Así que el sueño que tanto esperabas conciliar se convierte en un despertar constante. Dan las 6 a.m., el amigo despertador te invita a abandonar tu aposento para comenzar otra nueva jornada. Sales y te da la sensación de únicamente haber dormido 30 minutos.
A partir de esa noche, tus horas de sueño ya no serán las mismas, las punzadas y entumecimientos ya son una constante en tus días y noches. Al poco tiempo ya no es sólo eso, también empiezan los dolores más fuertes, se entorpecen los movimientos de las mano y los dedos, así que ya no sólo tus horas de descanso se terminan sino que ya se ven afectadas todas actividades diarias.
En ese momento es muy probable que el Túnel del Carpo ya esté haciendo de las suyas con tu nervio mediano y quizá te empezarás a preguntar: ¿Por qué a mi? y bueno, acá tienes unas posibles respuestas.